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PICASSO (2023) ONZA "ARLEQUÍN (LEÓNIDE)"ID92937013

PICASSO (2023) ONZA "ARLEQUÍN (LEÓNIDE)"

96,80 €  

80,00 €   * IVA no incl.

175  Disponible

 

Con motivo de la conmemoración del cincuenta aniversario de Pablo Ruiz Picasso, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre dedica una colección de monedas conmemorativas al pintor español, creador inimitable de las diversas corrientes que revolucionaron las artes plásticas del siglo XX.

En el reverso se reproduce la obra titulada «Arlequín», realizada por Pablo Picasso en 1917, que se conserva en el Museo Picasso de Barcelona. 

En el anverso se reproduce un detalle del Retrato de Pablo Picasso en jersey blanco en su estudio Le Fournas, Vallauris, realizado por el fotógrafo Edward Quinn en 1953.

Información de la Moneda
Forma Cuadrada  
Serie Cincuenta Aniversario Picasso  
Año Emisión 2023  
Color Sí  
Calidad Proof  
Valor Facial (Euro) 10
Medidas (mm) 36 X 36  
Pureza (‰) 999  
Metal Plata  
Peso (g) 31.41  
Tirada (unds.) 10.000  

"ARLEQUÍN (LEÓNIDE)" PICASSO (2023) ONZA 

Picasso empezó el año 1917 con el estimulante horizonte de colaborar por primera vez con el mundo de la escena diseñando los decorados, el vestuario y el telón de boca del ballet “Parade”, de la compañía de los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev. Un encargo que le llegó a través de su amigo el poeta Jean Cocteau, con quien se desplazó en febrero a Roma, donde los Ballets estaban de gira, para materializarlo. La estancia de dos meses y medio en Italia —donde visitó Nápoles y Pompeya— le brindó a Picasso la oportunidad de empaparse de cultura clásica y mediterránea y de reforzar, en consecuencia, el estilo neoclásico (también llamado “ingresiano”) con el que en 1914 había roto la hegemonía del cubismo. “Parade” es un testimonio excepcional de aquel momento creativo del artista, de intensa búsqueda y ambivalencia de lenguajes, en el que se adentró en la tradición figurativa sin renunciar a seguir explorando los caminos abiertos por el cubismo. El ballet se estrenó en París, con gran escándalo, en mayo, y a continuación la compañía emprendió una gira por España que la llevó a Madrid en junio y julio y a Barcelona, al Gran Teatre del Liceu, en noviembre. Picasso, que se había enamorado de una de las bailarinas, Olga Khokhlova (1891-1955), con quien se casaría en 1919, siguió a la troupe hasta España y entre junio y noviembre de 1917 se quedó en Barcelona.

Este “Arlequín”, del que el Museo conserva una aguada preparatoria de la cabeza (MPB 110.231), es una de las diversas telas pintadas durante aquellos meses barceloneses, y el modelo es el moscovita Léonide Masine (1896-1979), bailarín y coreógrafo de la compañía de los Ballets Rusos desde que en 1913 Diáguilev lo contratara para reemplazar a Vaslav Nijinsky como primer bailarín. Transfigurando a Masine en “Arlequín”, Picasso se adentró de nuevo en la iconografía de este camaleónico personaje de la commedia dell’arte que había protagonizado muchas de las telas de la época rosa y que aquí reaparece, bicornio en mano, con un gesto melancólico impropio de su talante travieso y sin su característico antifaz. La monumentalidad, la pose estática, la sutileza cromática (los ocres de la carnación y los azules, verdes y rosados de la característica indumentaria romboidal) y la acentuación de la línea frente al color marcan la figuración de esta pintura, que sin duda evidencia el estilo clásico que Picasso empezó a alternar con el cubista a partir de 1914 y que en Barcelona, en 1917, dio frutos tan logrados como este. A la vez, la pieza prefigura las composiciones con figuras monumentales de comienzos de la década de 1920 (de los bañistas y desnudos de Fontainebleau y Dinard a la serie de arlequines de 1923, entre otros), indiscutiblemente injertadas de antigüedad y de resonancias clásicas y con las que Picasso iba a concluir su etapa clasicista.

La mayoría de las obras que Picasso realizó aquellos meses en Barcelona permanecieron en el domicilio familiar y algunas formaron parte de la Exposición de Arte de Barcelona de 1919, entre ellas este “Arlequín”, que el artista decidió donar aquel año al museo de arte de la ciudad. De este modo se convirtió en la primera obra de Picasso que ingresaba en una colección pública. En 1963, con la creación del Museu Picasso de Barcelona, la obra pasó a integrar su fondo, dado que todas las piezas del artista de titularidad municipal fueron afectadas al recién creado museo.