MONEDA CASTILLOS - PALACIO REAL DE OLITEID92930060
La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre presenta una nueva serie de monedas de colección dedicada a los “Castillos del Mundo”. Ha resultado difícil realizar la selección, teniendo en cuenta que sólo en España hay registrados más de 10.000 castillos, por lo que hemos contado con la colaboración de la Asociación Española de Amigos de los Castillos para una adecuada elección de los castillos a representar.
La colección está compuesta por dieciséis monedas, que se pueden adquirir individualmente, en colección completa y por series de cuatro monedas cada una.
En el anverso se reproduce en colores una imagen del Palacio Real de Olite, que se encuentra en la Comunidad Foral de Navarra. Es una construcción de carácter cortesano y militar erigida durante los siglos XIII y XIV en la localidad de Olite. Fue una de las sedes de la Corte del Reino de Navarra a partir del reinado de Carlos III "el Noble".
En el reverso (común a todas las piezas), dentro de una zona circular central, aparece el valor de la moneda 1,5 EURO; a su derecha, la marca de Ceca; en la parte inferior, la leyenda CASTILLOS DEL MUNDO. Rodea las leyendas de la zona central una alegoría a la estructura de los castillos.
| Serie | Castillos Del Mundo |
| Año Emisión | 2023 |
| Color | Sí |
| Diámetro (mm) | 33 |
| Valor Facial (Euro) | 1.5 |
| Metal | Cuproníquel |
| Peso (g) | 15 |
| Tirada (unds.) | 5.000 |
Palacio Real de Olite
En los primeros años del siglo XV, Carlos III el Noble, rey de Navarra, mandó construir el Palacio Real de Olite sobre una antigua fortaleza que el rey visigodo Suintila había levantado en Ologito (Olite), allá por el siglo VII d.C., también, se dice, sobre un primitivo castro romano.
El castillo-palacio, ejemplo único de combinación de arte gótico francés con mudejarismo y gótico aragonés, está formado por una serie de edificaciones y construcciones diversas (torres, bodegas, jardines, capillas, patios, caballerizas, iglesias, pajareras, terrazas, pozo para hielo…), a modo de rompecabezas, dotando al extenso conjunto de una planta totalmente irregular y compleja.
Fueron aquellos unos años prósperos para Olite, que continuaron durante todo el siglo XV, en especial de la mano del nieto de Carlos III, el príncipe de Viana, que reunió una elegante corte entre sus gruesos muros y elevadas techumbres, y dotó al palacio de numerosas dependencias, edificaciones anexas de diversos tipos y exquisitos ornamentos a la usanza de los castillos franceses, además de un zoológico con especies exóticas como leones, camellos, jirafas, papagayos, búfalos… que satisfizo plenamente la afición del príncipe de Viana a la zoología. Una tradición, quizá un tanto exagerada, nos cuenta que el palacio de Olite tuvo tantas habitaciones como días tiene el año.
La parte más antigua, el llamado Castillo Viejo -Parador Nacional de Turismo desde 1960-, es de planta cuadrada, en torno a un patio y con tres torres (de la prisión, capilla y de la cigüeña). La parte central del conjunto palaciego está constituida por varias torres: la torre del Aljibe, la de las Tres Coronas, la torre del Homenaje, entre otras, cerrando un huerto y un jardín. Y un último cuerpo, la torre de los Cuatro Vientos con el jardín del cenador, torre de la atalaya y vigía.
Esta época de gloria quedó plasmada en la crónica del viaje que a mediados del siglo XV hizo un viajero alemán; en ella puede leerse la siguiente descripción del castillo de Olite: “…seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso, de tantas habitaciones doradas… No se podría decir, ni aún siquiera imaginar, cuán magnífico y suntuoso es dicho palacio…”
Tras la incorporación de Navarra a la corona de Castilla en 1512, Olite dejó de ser corte y residencia real, lo que llevó al palacio a una etapa de decadencia, situación que no mejoró en los siglos posteriores, conociendo en el siglo XIX, con la invasión francesa, su periodo más negro en cuanto a ruina, destrucción, saqueo y vandalismo se refiere. Chapiteles emplomados fueron fundidos para hacer balas; carretadas de piedra salían diariamente del palacio, destinadas a obras particulares.
Con la adquisición del conjunto en 1913 por la Diputación Foral, se inició un periodo de verdadero resurgimiento de este gran castillo-palacio, que poco después fue declarado Monumento Nacional por Orden de Alfonso XIII, en 1925. Una extraordinaria labor de reconstrucción, realizada por profesionales de todos los ámbitos, llevó al castillo que fundara Carlos III el Noble, según opinión de Sarthou Carreres, a ser uno de los alcázares más notables de Europa, espléndido ejemplar de la arquitectura cívico-militar de la Edad Media.